Opina sobre la remezcla de Ommadawn

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Al igual que hemos hecho con Hergest Ridge, abrimos este post para debatir acerca de la nueva mezcla del tercer disco de estudio de Oldfield. ¿Qué os ha parecido? ¿Os gusta más que la original? ¿Qué tal está ese Lost Ommadawn, y de dónde ha salido? El debate, una vez más, en los comentarios.

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Opina sobre la reedición de Hergest Ridge

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Ahora que al fin está en las tiendas españolas, es el momento de hablar de la reedición de Hergest Ridge: ¿qué mezcla os gusta más? ¿Qué gana y qué pierde respecto a la original? ¿Qué os parecen lo singles incluidos? El debate, en los comentarios, y recordad que también hemos abierto un post para comentar Ommadawn.

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Opina de la nueva remezcla de Tubular Bells

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tubularbells

A sugerencia de Jesús, abrimos este post para que todos podamos opinar de la remezcla 2009 de Tubular Bells, ahora que ha pasado un tiempo suficiente para la reflexión y todos lo habremos escuchado varias veces. Hemos hablado mucho de la conveniencia de la reedición, y de la forma en la que se ha hecho, pero no tanto de la música en sí: ¿Qué pensáis de la mezcla? ¿Creéis que es mejor que la original, peor, o todo lo contrario? ¿Merece la pena su compra para aquel que ya tiene el original? ¿Pensáis que era necesaria?

El debate, en los comentarios.

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Las secuelas de Tubular Bells, un retorno poco afortunado según la Rolling Stone

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Según nos comenta bels_mike (Rafa) en los mensajes cortos, en el más reciente número de la edición argentina de la conocida revista sobre música Rolling Stone califican al de Reading como uno de los diez retornos (en este caso, el retorno de un disco) con peor fortuna en la historia del rock como género musical. Valiente opinión que también incluye entre otros a grupos como los históricos Queen o Judas Priest, y que sin duda alguna dará mucho que hablar y servirá como entretenido debate para esta época en la que acaece una notable escasez de noticias y afluencia de visitantes al blog.

Partiendo de la base de que esta revista siempre ha sido completamente sensacionalista en el ámbito musical y que no es el primer artículo en el que opina de manera negativa sobre la obra de Mike Oldfield, no debiéramos sorprendernos de que sean capaces de afirmar lo que afirman con total vehemencia, pero salta a la vista que lo hagan precisamente el año de su 35ª aniversario y con mucha gente pendiente del mismo, por no decir que el resto de bandas incluídas en esa lista de retornos catastróficos no merecen figurar ni el 80% de las bandas que allí aparecen. En resumen, buscan la polémica.

Y aquí es donde entra el debate en sí: ¿Creéis que tienen razón y que sólo debió existir un único Tubular Bells?, ¿pensáis que el resto de secuelas fueron interesantes?, ¿tenéis opiniones mixtas y/o encontradas?. Dejáos llevar y escribid todo lo que opinéis al respecto, porque desde luego el tema es el propicio, habiendo tantos defensores y detractores de cada una de las posturas. Yo tengo una opinión muy clara al respecto, pero no la expondré en el topic, sinó en los comentarios, para ahorrar espacio y que no resulte demasiado tedioso leerlo. ¡Animáos y compartid vuestras opiniones!.

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Changeling, mi opinión

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No es mi intención hacer una crítica del libro. Eso se lo dejo a los profesionales de ese arte. Tampoco quiero desmenuzarlo ni hacer públicos episodios concretos ahí relatados. Simplemente contar mis impresiones tras la lectura de esta autobiografía.

No es un libro pensado para los fans, más bien para todo el público en general. Sí es un libro de testimonio, el de alguien que ha peleado toda su vida contra la enfermedad, o la disfunción, o llamémosle como queramos. Ataques de pánico, fobia social, depresión… y otras.

Changeling

Lo primero que me llamó la atención fue el inicio. Comienza describiendo un episodio muy concreto de su vida. Su paso por la terapia denominada “exégesis” que le marcó para siempre, y que supuso una suerte de “renacimiento”, incluso en el sentido literal de la palabra. La elección es muy significativa y reveladora del espíritu de esta autobiografía. No trata tanto de hacer un relato más o menos pormenorizado de su vida, ni mucho menos de sus producciones musicales, sino de centrarse en aquellos episodios que posiblemente más le influyeron y contribuyeron a forjar su personalidad y su carácter y, en particular, aquellos donde su estado mental alcanzó niveles más críticos. Es así como se explica la evidente desproporción en la atención dedicada a sus años de vida a lo largo del libro. Aproximadamente dos terceras partes del mismo corresponden a su infancia y adolescencia, incluyendo el periodo de las tres obras clásicas (Tubular Bells, Hergest Ridge y Ommadawn) que representan apenas una octava parte de su producción artística. El tercio restante relata, o sería mejor decir, resume, el resto de su vida.

Changeling

Otro detalle que llama la atención del lector es el estilo narrativo. Sorprendente. El tono es increíblemente informal. Al principio chirría, no es algo que uno espere en la autobiografía de un señor de la talla de Oldfield (más allá de los gustos particulares, y de su mayor o menor popularidad en los tiempos que corren, creo que es incuestionable a estas alturas que Mike ya forma parte de los clásicos de la música popular, para los restos); pero de la misma forma que choca al principio, enseguida el lector se acostumbra al estilo, y lo agradece. Es la clave de la narración, para mi gusto. Ese tono coloquial, informal, acaba convirtiéndose en un nexo de unión, diría que íntima, entre Oldfield y su lector. Tienes la sensación de estar escuchando, digo bien, escuchando, a un amigo íntimo, haciendo confesiones acerca de los episodios más intensos de su vida. No hay distancias entre ambos. Lo que pierde el libro en estilo literario lo gana con creces en complicidad con el lector. Me atrevo a suponer que la colaboración, acreditada, del Sr. Collins, debe de haberse limitado a grabar las conversaciones con Oldfield, pasarlas a texto, y ordenarlas.

Changeling

El contenido, como he comentado, se centra en episodios puntuales de la vida de Mike, especialmente los relativos a su relación con sus padres, sus primeros pasos en el mundo del folk, sus problemas de socialización, que se remontan a su más tierna infancia, el proceso de grabación del Tubular Bells, su aislamiento voluntario en Gales, sus escarceos con el LSD y otras sustancias, su relación con Richard Branson… etc. De paso se van revelando detalles muy jugosos, como sus encuentros con Mick Jagger o Keith Richards, por ejemplo.

Todos ellos articulados bajo un elemento aglutinador: sus problemas para encajar en este mundo. Sus desequilibrios emocionales. Su sentimiento de desarraigo, de no pertenecer a esta sociedad.

Es tan revelador lo que cuenta, como lo que omite. No da detalles, por ejemplo, de sus relaciones afectivas, ni de sus matrimonios, ni de sus hijos (salvo algunas declaraciones generales de intenciones). Creo recordar que ni siquiera llega a mencionar los nombres de sus hijos o sus exparejas. Supongo que lo hace por respeto y por preservar su intimidad. Tampoco se explaya con sus giras, ni con sus colaboraciones en discos de otros artistas. Sí toca el tema dinero, con una sinceridad que desarma, y que contribuye, aún más, a crear ese clima de complicidad y compadreo con el lector.

Changeling

He disfrutado como un niño con este libro. He tardado en tenerlo, pero la espera ha merecido la pena. Me ha permitido conocer al Mike humano, con sus errores y defectos (algunos perfectamente explicitados por él mismo, y otros deducibles de algunos pasajes de su vida) y con sus virtudes. He alucinado (no encuentro otra palabra que describa mejor mi sensación) con su visión de la vida, de los seres humanos, del arte, del mundo, de los fans, del negocio de la música… Mike se desnuda sin ningún pudor y se muestra tal cual es. Hay poco de auto bombo (es inevitable que haya algo), y menos aún de intención de crear un personaje. El Sr. Oldfield es consciente de su realidad, de la pasada, gloriosa, pero también de la actual, no tanto, al menos en popularidad planetaria. Lo acepta, lo racionaliza, y le da la importancia que realmente tiene. Y lo hace con una inteligencia brutal.

El Mike abuelote, dedicado a su nueva familia y a navegar en su barco es un personaje muchas veces criticado por los propios fans, por haber renunciado a su papel de genio musical. Sin embargo, he de decir que tras devorar este libro y conocer un poco más al hombre, no sólo entiendo su elección, sino que me parece la decisión natural.

Lo recomiendo sin ninguna duda.

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Mi opinión de Music of the Spheres

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Me vais a permitir que me salga de mi parcela habitual en este blog para comentar mis primeras impresiones tras escuchar Music of the Spheres por primera vez. Es simplemente mi opinión, no pretendo sentar cátedra ni dar con la verdad absoluta, y pido perdón de antemano si a alguien le molesta algo de lo que escribo, porque mi intención es crear debate, no polémica.

Music of the Spheres

Al fin, tras múltiples retrasos, ayer compré y escuché el último trabajo de Mike Oldfield. El veredicto… ni frío ni calor.

Vamos por partes. Para mí es evidente que supone una mejora respecto a sus tres últimos discos, de los que poca cosa me parecía rescatable. Contar con una orquesta tenía que suponer necesariamente un cambio en el resultado final, pero, que nadie se llame a engaño, esto no es la incursión de Oldfield en la música sinfónica, por mucho que así nos lo hayan vendido: Music of the Spheres es una banda sonora épica al estilo de las que pueden encontrarse en muchas películas de Hollywood. Hergest Ridge o Incantations están más cercanas en intención a una sinfonía de lo que está MOTS.

Qué duda cabe de que el disco es agradable, “bonito”. Ningún tema chirría, el sonido es fabuloso… Y sin embargo, también es un disco tramposo, que tira de todos los recursos fáciles para emocionar que pueden encontrarse en las bandas sonoras en las que se inspira (de manera más o menos directa), y que cualquier compositor conoce bien. Se aprecia perfectamente cómo se construyen los clímax, qué mecanismos usan Oldfield y Karl Jenkins para llegar al oyente: ahora metemos timbales, ahora la sección de viento metal, si queremos conmover metemos un piano lentito… Todo muy de manual. En su época dorada Oldfield hacía justo lo contrario: tiraba siempre por el camino difícil, no caía en lo obvio y no le importaba no calar a la primera. MOTS entra de forma mucho más rápida que Amarok (por poner un ejemplo), pero de la misma manera, saldrá antes, porque la complejidad e intención de ambos discos es totalmente distinta, y tras varias escuchas, esas emociones que provoca desaparecerán y no habrá detrás nada sólido que invite a revisitarlo (hablo de mi caso personal, naturalmente).

Mike Oldfield

De esta forma, escuchar MOTS es una experiencia que sorprende muy pocas veces. Tiene demasiados lugares comunes, tanto de su propia obra (me temo que estoy de acuerdo con los que consideran excesiva la enésima referencia al inicio de Tubular Bells, pero es que además Musica Universalis recuerda poderosamente a The Bell) como de otras bandas sonoras (las de Danny Elfman, por ejemplo). El disco se va escuchando sin sobresaltos, con partes más inspiradas y otras más normalitas, algunas pasándose de cursis, pero siempre dentro de los cauces esperados, sin salirse del guión establecido. De todos los temas el que más me ha gustado es The Tempest, donde, a pesar del sobado guiño tubular, veo cierta creatividad, algo diferente.

La voz de Hayley Westenra ciertamente es muy buena, a pesar de que On My Heart como tema no me parezca nada del otro mundo, ella solita lo levanta perfectamente. Lang Lang por su parte está muy bien, pero no entiendo (salvo como maniobra de marketing) que se cuente con un pianista de su calibre para hacer lo que hace: es como llamar al doctor House para curar un catarro.

Hayley Westenra

Por otra parte, me ha sorprendido, y lamento mucho, que la guitarra de Oldfield apenas se escuche en el disco. Por los comentarios que había leído me imaginaba que no tendría una gran presencia, pero no esperaba que fuera tan poca. Para mí es muy triste, sabiendo como sabemos lo que era capaz de hacer Oldfield tan sólo con una guitarra clásica o acústica, a pelo, comprobar que se ha abandonado tanto como guitarrista que apenas esboza cuatro melodías en todo el disco, brevísimas. En Aurora hay una muy maja, pero en la que no ahonda, como habría hecho hace años, retorciéndola, matizándola, enriqueciéndola. No quiere o no puede, en realidad es lo mismo.

La conclusión a la que llego es que, aunque es un disco digno (que no es poco estando como estaba el patio), MOTS no supone la vuelta del mejor Oldfield (que, asumámoslo, no va a volver). Es su incursión en un género en el que hay maestros con los que sale muy mal parado en una comparación, y quizás es éste el problema: Mike Oldfield lleva demasiado tiempo sin hacer lo que hace mejor (su propia música, inclasificable, ecléctica, única) e intentando hacer un disco de música celta, otro de tecno, otro de chill out… ahora le ha tocado el turno a las bandas sonoras orquestales.

Al menos, Music of the Spheres le ha devuelto el favor de muchos fans y cierto prestigio en el mundo musical que se había perdido. Ha vuelto a estar en los medios y se ha vuelto a involucrar, aunque haya sido a regañadientes, en la promoción. De cara al futuro, dudo mucho que veamos gira o disco nuevo en muchos años. Asumo que está prejubilado y lo que menos le importa ahora mismo es la música. Está en su derecho, naturalmente, pero uno ve a otros músicos, de su edad o incluso más mayores, sacando buenos discos, dando conciertos continuamente, disfrutando de la música… y da pena, de verdad.

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Maduro, artículo de opinión en El Correo

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Al hilo de la relación entre Mike y el periodismo, la semana pasada, El Correo, Diario de Vizcaya y Bilbao, además de publicar la noticia de la presentación de Music of the Spheres en Bilbao, junto a una descripción del álbum, también dedicaron un artículo de opinión a Mike Oldfield que nos pasó desapercibido, firmado por Enrique Portocarrero, bajo el título Maduro:

El Correo Digital

No es que Mike Oldfield sea ya una “estrella” de la música contemporánea, francamente, pero al menos se le debe reconocer todavía su doble virtud de artista popular y permanentemente experimental. Algo realmente milagroso, sí, tanto por la fugacidad del éxito y la fama en el mercado actual de la música, como por la dificultad de mantener la popularidad y un constante ánimo experimental durante casi treinta y cinco años de carrera.

Evidentemente, en ello tiene mucho que ver la calidad compositiva de un músico que ha sabido adaptarse a las corrientes de cada momento, buscando también soluciones de tecnología instrumental e inspiraciones en paralelo con la cultura y la sociología contemporánea. A saber, Oldfield no sólo es un histórico del rock sinfónico y un pionero aplicado de los sintetizadores, las cajas de ritmos y los loops, sino también un defensor de la integridad y la superioridad instrumental frente a los excesos cibernéticos.

De igual manera, su afinidad inicial con el folk le ha convertido en un dominador de los ritmos étnicos y hasta de la World music. Hablamos ahora de un compositor maduro y todavía popular, que hace una música contemporánea y sinfónica, pasada por un chill out medio hipnótico, con coros de calidad, formidables arreglos instrumentales e influencias multiculturales. Casi nada.

¿Qué os parece esta reflexión sobre el músico británico? Continúa el debate…

Gracias a Rume por el aviso.

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Mike y el periodismo

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Continuando la sección iniciada por Turok3, me gustaría opinar sobre esta difícil relación, la de Mike con el periodismo, centrándome en un caso puntual, una entrevista de 1987 a El País.

Está claro que la fama de huraño de Mike se la ha ganado a pulso durante toda su carrera. Pero también es cierto que muchas veces el periodismo se ha cebado con él aprovechando esa reputación para dar rienda suelta a algo que a veces más parece manía personal que otra cosa.

Mike Oldfield en El País Semanal

Hay una entrevista que se publicó en la revista semanal del diario El País, en la promoción del Islands, 1987, que me resulta especialmente emblemática sobre esta actitud de cierto periodismo, el famoso cuarto poder.

Curiosa denominación ésta de cuarto poder. Cada vez más tengo la sensación de que han adelantado ya unos cuantos puestos y de cuartos han pasado a liderar la carrera. El término encierra en sí mismo el carácter poco democrático de este poder. Me explico. El principio de división de poderes, que propuso el Sr. Montesquieu hace ya unos cuantos años, tiene su origen en la tradición inglesa del balance of powers, la idea de que los poderes del estado se contrapongan unos a otros hasta alcanzar una posición de equilibro donde ninguno de ellos predomine sobre los demás. Pero este cuarto, no previsto por el Sr. Montes, se ha rebelado incluso más poderosos, valga la redundancia, que los otros tres, con una indudable capacidad para cambiar opiniones, cambiar leyes, cambiar gobiernos, cambiar jueces, pero sin que tenga su particular contrapoder que lo equilibre.

Mike Oldfield en El País Semanal Mike Oldfield en El País Semanal

Con las excusas de rigor por mi perorata, entro en materia. Entiendo que todo esto puede parecer muy exagerado para lo que viene a continuación. Pero, sinceramente, estoy convencido de que es producto de lo que acabo de decir. La impunidad del periodismo permite a algunos periodistas (insisto en lo de algunos) decir lo que quieren muchas veces sin el más mínimo rigor, y dejando colar fobias o filias totalmente personales en, como es el caso, una entrevista que debería ser mucho más aséptica.

Al grano. Os anexo imágenes de la entrevista de marras (clickeando sobre ellas las podréis ver en su tamaño original para poder leerla). En su momento, cuando compré El País Semanal y la leí me indignó. Ahora, unos cuantos años después, la releo y me sigue indignando. No por lo que dice, sino por la forma sutil en que el Sr. Diego Manrique manipula: en la traducción, con esas frases antológicas si no espabilas te quedas sin nada o es demasiado bueno para este mundo, todos quieren engañarle que transmiten al lector la idea de que Mike es un atontado egoísta que sólo sale con mujeres descerebradas que lo idolatren. Me gustaría ver el original en inglés para ver hasta qué punto se aplicó el concepto de traducción libre para darse alguna que otra licencia. Pero no sólo cultiva el arte de la, digamos semimanipulación sutil (bueno, no tan sutil en realidad), también se luce con el ejercicio de la ironía de mala baba: el santo varón por una vez Mike frena los ardores de su acompañante, o la impagable: algunos amigos bondadosos insisten en disuadirnos de esa idea (la de que Mike cante sus canciones). En fin, todo un ejercicio de lo que una entrevista no debe ser.

Mike Oldfield en El País Semanal

Al menos el señor entrevistador confiesa desde el principio, que desde que Mike le hizo una broma en 1979, que no le debió de caer muy bien, no es santo de su devoción. Queda claro, no hacía falta que se explayara mucho en eso.

Bueno, pues ahí queda mi indignación. Me adelanto a los comentarios: claro que Mike ha demostrado ser un bicho raro, bastante insociable y poco comunicativo. Pero eso no justifica ni medio ápice, a mi entender, la subjetividad impresionante que destila el entrevistador en cada línea. Un buen periodista debe sacarse el morral de rencores, antipatías, y fobias personales, y hacer su trabajo con objetividad. Otra cosa es una columna de opinión, pero no en una entrevista. En fin, es mi opinión.

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