No es mi intención hacer una crítica del libro. Eso se lo dejo a los profesionales de ese arte. Tampoco quiero desmenuzarlo ni hacer públicos episodios concretos ahí relatados. Simplemente contar mis impresiones tras la lectura de esta autobiografía.
No es un libro pensado para los fans, más bien para todo el público en general. Sí es un libro de testimonio, el de alguien que ha peleado toda su vida contra la enfermedad, o la disfunción, o llamémosle como queramos. Ataques de pánico, fobia social, depresión… y otras.

Lo primero que me llamó la atención fue el inicio. Comienza describiendo un episodio muy concreto de su vida. Su paso por la terapia denominada “exégesis” que le marcó para siempre, y que supuso una suerte de “renacimiento”, incluso en el sentido literal de la palabra. La elección es muy significativa y reveladora del espíritu de esta autobiografía. No trata tanto de hacer un relato más o menos pormenorizado de su vida, ni mucho menos de sus producciones musicales, sino de centrarse en aquellos episodios que posiblemente más le influyeron y contribuyeron a forjar su personalidad y su carácter y, en particular, aquellos donde su estado mental alcanzó niveles más críticos. Es así como se explica la evidente desproporción en la atención dedicada a sus años de vida a lo largo del libro. Aproximadamente dos terceras partes del mismo corresponden a su infancia y adolescencia, incluyendo el periodo de las tres obras clásicas (Tubular Bells, Hergest Ridge y Ommadawn) que representan apenas una octava parte de su producción artística. El tercio restante relata, o sería mejor decir, resume, el resto de su vida.

Otro detalle que llama la atención del lector es el estilo narrativo. Sorprendente. El tono es increíblemente informal. Al principio chirría, no es algo que uno espere en la autobiografía de un señor de la talla de Oldfield (más allá de los gustos particulares, y de su mayor o menor popularidad en los tiempos que corren, creo que es incuestionable a estas alturas que Mike ya forma parte de los clásicos de la música popular, para los restos); pero de la misma forma que choca al principio, enseguida el lector se acostumbra al estilo, y lo agradece. Es la clave de la narración, para mi gusto. Ese tono coloquial, informal, acaba convirtiéndose en un nexo de unión, diría que íntima, entre Oldfield y su lector. Tienes la sensación de estar escuchando, digo bien, escuchando, a un amigo íntimo, haciendo confesiones acerca de los episodios más intensos de su vida. No hay distancias entre ambos. Lo que pierde el libro en estilo literario lo gana con creces en complicidad con el lector. Me atrevo a suponer que la colaboración, acreditada, del Sr. Collins, debe de haberse limitado a grabar las conversaciones con Oldfield, pasarlas a texto, y ordenarlas.

El contenido, como he comentado, se centra en episodios puntuales de la vida de Mike, especialmente los relativos a su relación con sus padres, sus primeros pasos en el mundo del folk, sus problemas de socialización, que se remontan a su más tierna infancia, el proceso de grabación del Tubular Bells, su aislamiento voluntario en Gales, sus escarceos con el LSD y otras sustancias, su relación con Richard Branson… etc. De paso se van revelando detalles muy jugosos, como sus encuentros con Mick Jagger o Keith Richards, por ejemplo.
Todos ellos articulados bajo un elemento aglutinador: sus problemas para encajar en este mundo. Sus desequilibrios emocionales. Su sentimiento de desarraigo, de no pertenecer a esta sociedad.
Es tan revelador lo que cuenta, como lo que omite. No da detalles, por ejemplo, de sus relaciones afectivas, ni de sus matrimonios, ni de sus hijos (salvo algunas declaraciones generales de intenciones). Creo recordar que ni siquiera llega a mencionar los nombres de sus hijos o sus exparejas. Supongo que lo hace por respeto y por preservar su intimidad. Tampoco se explaya con sus giras, ni con sus colaboraciones en discos de otros artistas. Sí toca el tema dinero, con una sinceridad que desarma, y que contribuye, aún más, a crear ese clima de complicidad y compadreo con el lector.

He disfrutado como un niño con este libro. He tardado en tenerlo, pero la espera ha merecido la pena. Me ha permitido conocer al Mike humano, con sus errores y defectos (algunos perfectamente explicitados por él mismo, y otros deducibles de algunos pasajes de su vida) y con sus virtudes. He alucinado (no encuentro otra palabra que describa mejor mi sensación) con su visión de la vida, de los seres humanos, del arte, del mundo, de los fans, del negocio de la música… Mike se desnuda sin ningún pudor y se muestra tal cual es. Hay poco de auto bombo (es inevitable que haya algo), y menos aún de intención de crear un personaje. El Sr. Oldfield es consciente de su realidad, de la pasada, gloriosa, pero también de la actual, no tanto, al menos en popularidad planetaria. Lo acepta, lo racionaliza, y le da la importancia que realmente tiene. Y lo hace con una inteligencia brutal.
El Mike abuelote, dedicado a su nueva familia y a navegar en su barco es un personaje muchas veces criticado por los propios fans, por haber renunciado a su papel de genio musical. Sin embargo, he de decir que tras devorar este libro y conocer un poco más al hombre, no sólo entiendo su elección, sino que me parece la decisión natural.
Lo recomiendo sin ninguna duda.