Hace unos días adjuntábamos en el blog unos escaneos del artículo sobre Mike Oldfield de la revista Mojo cortesía de Titi. Ahora, gracias al amigo Melomaniac, podemos ofreceros la traducción completa del mismo. Sin más, os dejo con el texto íntegro de la traducción que ayer me envió Melomaniac. ¡Gracias de nuevo!
Artículo sobre Tubular Bells y Mike Oldfield en la revista Mojo. Número de Octubre de 2009
Nota: Lo que va entre […] son comentarios del traductor.
“Tienes que sufrir para [que aflore] tu arte – ¿Quién ha oído alguna vez hablar de un artista feliz?”
No es poco importante dentro del capítulo de accidentes que hicieron de TB el fenómeno musical, cultural y comercial que es, el hecho de que el éxito del disco en EEUU provenga del momento en que un director de Hollywood perdió la paciencia. Furioso tras escuchar la banda sonora que él había encargado a Lalo Schifrin, William Friedkin huyó a la fonoteca del estudio para sacar discos nuevos y no editados en busca de algo que sonase adecuado para su nueva película de terror. El tema de apertura en La menor, tocado sólo en las teclas blancas, de Tubular Bells con su inquietante ritmo en compás 15/16 parecía por siempre estremecerse en la antesala de la niñez y lo desconocido, el ambiente exacto que Friedkin necesitaba para su película sobre una niña de 12 años poseída por el diablo. Estrenada el día de fiesta después de Navidad [26 de diciembre], El Exorcista causó gran sensación de inmediato y se mantiene como la película de terror más popular de todos los tiempos, con TB –ya gran conocido en la radio universitaria de EEUU- despegando en su carrera estelar en América.
Disgustado con el hecho de que su música hubiese sido cedida sin su permiso para un proyecto de orientación tan comercial, Oldfield no se dignó a ver El Exorcista en años. Otra razón para evitar la película podría haber sido su argumento, tan inquietantemente cercano a su propio hogar. Cuando él era un niño, su madre sucumbió a cada vez más graves brotes de depresión y alcoholismo y llegó a ser internada en un hospital psiquiátrico de vez en cuando; desesperada, ella incluso llegó a prestarse a algún tipo de exorcismo. Desde su adolescencia, Mike parecía al borde de revivir la pesadilla de su madre.
“Esperaba asustarme pero acabé riéndome” afirma Mike después de haber visto por fin la película,” pero fue muy apropiado que usasen TB porque yo me sentía de algún modo poseído. Estaba poseído por algún tipo de espíritu malvado cuando estaba componiendo el disco. Intentaba encontrar una explicación a que yo me encontrase tan extraño y mal, quizá estuviese enfermo o sufriese de una condición cardiaca – o estaba poseído. Era como si algo me hubiese invadido espiritualmente y me hacía sentir asustado e incómodo”.
¿Estaba él preocupado con la posibilidad de haber heredado la enfermedad mental de su madre?” Posiblemente sí, ciertamente la heredé, sí. Recuerdo cierta ocasión en que ella me dijo: ¿Sabes lo que se siente, verdad Michael?”
Hijo de médico y enfermera y hermano menor de Terry y Sally, Mike se sumergió en la música como vía de escape de problemas cada vez mayores en casa y en una escuela que odiaba. A los trece pasó por una etapa de influencia de los Shadows y seguía las huellas de la gran generación de guitarristas británicos. “Mi hermana me introdujo en el Fol.. El folk estaba de moda entonces. Yo solía cantar en aquellos días y me uní a un par de diferentes dúos en Reading, solíamos hacer canciones rebeldes irlandesas. Al salir la luna – y canta un pareado de la canción feniana [nacionalistas irlandeses] del siglo XIX. “Y ven y dime, Sean O´Farrell dónde la reunión ha de ser. En el viejo lugar junto al río bien conocido por ti y por mí.”
“Y todo el mundo se unía en el coro. Era genial. Sally y yo tocamos con Les Cousins in Londres bastante y, a menudo, con Gordon Giltrap. Era un buen guitarrista. Y John Renbourn vino al club de nuestra zona y vi a John Martín y Al Stwart. Él era genial.”

No es muy sorprendente en alguien tan joven que Mike estuviese acosado por el miedo a la escena. “En el momento de mi solo en los clubes de folk, mi rodilla se agitaba temblando tanto que la guitarra no dejaba de moverse arriba y abajo. Yo no tenía labia, no solía decir nada”. Aun así, el tenía en mente una carrera en la música, ¿por qué no?. La amiga de su hermana mayor, Marianne Faithfull, (“Solía verla tomar el té con galletas en nuestra cocina en Western Elms Avenue”) estaba en las listas de ventas, y a pesar de su timidez, Mike hizo los suficientes contactos para conocer a su novio, Mick Jagger: “Más agradable de lo que se cree. Nada grosero en absoluto. Un hombre muy muy encantador. Él dice –la voz de Mike baja con discreción- mucho joder o al menos lo hacía. Yo encontraba aquello bastante impactante, ja,ja,ja,ja…Black Sabath son muy amables también, gente encantadora, ja,ja, y entonces suben al escenario y todo se vuelve ¡Arrggg! ¿divertido, verdad?”
Tras dejar la escuela a los 15, Mike realizó un álbum pobre en ventas con su hermana como el dúo The Sallyangie, después pasó a la banda de rock Barefoot con su hermano Terry, antes de que encontrara su propio camino, cuando su agencia, Blackhill Enterprises, que, tras haber perdido a Pink Floyd, todavía representaba a artistas underground como The Edgar Broughton Band, Syd Barret y Roy Harper, le presentó a otro artista, el bajista de Soft Machine, Kevin Ayers. En marzo de 1970, Mike se unió a la nueva banda de Ayers, The Whole Word, como bajista (un instrumento nuevo para él), junto con el saxofonista Lol Coxhill, el teclista/arreglista David Bedford y el bateria Mick Fincher.

Durante los siguientes 18 meses sus ideas musicales fueron tomando forma en escena, entre conciertos, pero principalmente en un lugar a salvo en su cabeza en un tiempo en que Oldfield luchaba contra cada vez más ataques de pánico, a lo que no ayudó precisamente un mal viaje con ácido. “Para cierta gente como yo” dice acerca de sus experiencias de adolescencia con el LSD, ” abre todas esas ventanas de la percepción con las que no estás preparado para tratar. Te ves sobrecargado. Puede ser muy aterrador si no puedes manejarlo sobrio, si intentas aliviarlo con alcohol y tranquilizantes. Es demasiado poderoso”
Un considerable compositor, arreglista y profesor de música por más de 40 años, David Bedford, que cumple 72 años en agosto, recuerda al Mike de 17 años, cuya colección de discos por entonces contaba con Sggt. Pepper, Tommy de The Who y In the court of the Crimson King de King Crimson.
“ Mike y yo hablamos mucho sobre su música cuando viajábamos arriba y abajo por el país en la parte trasera de una Transit; el tocaba para mí partes con la guitarra – cuando escuché TB, recordé que había oído trozos de este como solos de guitarra o bajo cuando él tocaba las canciones de Kevin Ayers. Su formación anterior había sido con el folk y no había escuchado mucha música clásica, así que le recomendé compositores que escuchar como los pastorales Vaugham Williams y Delius y el disco del serialista americano Terry Reilly Rainbow in curve air. Ël no quería grabar una canción de 3 minutos sino una pieza más larga. Era algo que estaba en el ambiente entonces, incluso los temas wagnerianos en Tommy. En julio de 1970, nosotros fuimos los teloneros de Pink Floyd en Hyde Park, donde ellos presentaban Atom Herat Mother, en el que hay una cara con un tema de música continua. Yo creo que inspiró la ambición de Mike.”
En 1971, con su currículum vitae orgulloso por los discos de Kevin Ayers Shooting at the Moon y Whatevershebringswesing, Oldfield, ahora a los 18, compartía una casa con The Whole World en Totteham, al norte de Londres- “muy pequeña, totalmente caótica y muy atípica” recuerda Steve Broughtom, el batería de The Edgar Broughtom Band que la visitó. Cuando Ayers disolvió The Whole World, le prestó a Oldfield su grabadora de cintas de cuarto de pulgada Bang y Olufsen Beocord, con la que podía grabar demos. Inspirado también por la formación del Reino Unido de estrellas de rock y jazz Centipede y por los compositores Sibelius y Bach, Oldfield tenía en mente una música de capas superpuestas y ambición estructural más allá de lo que comúnmente se intentaba en el rock. “ Las frases musicales llegaban a mi cabeza como en un e-mail”, recuerda, “pero nunca te llega todo al completo, sólo un trocito, quizás sólo 3 ó 4 notas. Eso es maravilloso, pero ¿dónde está todo lo demás? Tú tienes que descubrir lo que se supone que es el resto de ello. Realmente irritante.”

Sin la formación musical para escribir lo que tenía en la cabeza ni los medios para grabar una demo convencional, improvisó. “Me hice con un libro de música y empecé a aprender negras y corcheas, pero encontré un modo más simple de hacerlo en vez de con líneas tipo Every Good Boy Deserves Funge… [Imagino que debe ser una regla nemotécnica para recordar notas, que se corresponden en inglés con las letras iniciales que van en mayúscula] En realidad no puedo recordarlo ahora.” Más tarde, el productor de TB, Tom Newman, descubrió que “Mike tenía sus propias partituras escritas en papel de fumar”. El tabaco también resolvió el problema de Mike para grabar: bloqueó el cabezal borrador de la grabadora Beocord prestada con un trozo de paquete de cigarros desenrollado, y enrollándolo, la convirtió en una útil grabadora de una pista., Mike ya podía crear algo.
En noviembre de 1971, un empresario de 21 años del negocio de venta de discos por correo, llamado Richard Branson ya había abierto su primera tienda Virgin en Londres. También había comprado Shipton Manor, cerca de Oxford, y con la ayuda de sus amigos, la estaba convirtiendo en un estudio de grabación-residencia. “Solíamos levantarnos a las 5 ó 6 de la mañana para construir el estudio como único modo de tener algún trabajo hecho antes de que el teléfono empezase a sonar y abriese el pub de la zona” dice riéndose entre dientes Simon Heyworth, el ingeniero de sonido, que ahora dirige Super Audio Mastering en Dartmoor National Park. “Cansado de tanto tiempo que nos estaba llevando, Richard Branson envió a The Arthur Louis Band a grabar (otros artistas de Blackhill con los que Mike se había relacionado) [traduzco así por el contexto, no logro encontrar el significado de shochorned into del original en inglés]. Escuché aquella bonita música que venía de la biblioteca, y allí estaba su bajista, Mike, sentado a la luz que se filtraba por los grandes ventanales, grabando una parte de guitarra doblada en su grabadora Beocord. Mike estaba experimentado, intentando construir esas melodías y lo había hecho realmente bien en esa demo. Le dije a Tom que tenía que escuchar a este tipo”.

“Era una serie de pequeños trozos preciosos” recuerda el colega mayor de Heyworth, Tom Newman, hoy establecido en Newry y todavía grabando discos, “Mike era muy introvertido, un hippy tímido sin una personalidad clara y ello cambió mi actitud hacia él. Se lo llevé a Richard Branson y a su compañero Simon Draper. Richard no reaccionó, él era un confeso filisteo musical a quien sólo le gustaba Bachelor Boy de Cliff Richards y el tema musical de Borsalino- pero Simon pensó que era maravilloso”
El dinero andaba justo para el futuro caballero magnate de los trenes, aviones y telecomunicaciones, pero meses más tarde Branson y Draper le ofrecieron a Mike, que estaba desanimado de vuelta en casa de sus padres, la oportunidad de grabar los 25 minutos de música –título de trabajo Opus One – en los que él había seguido trabajando en sus cuadernos de notas, con Heyworth y Newman orientándolo en The Manor, que es como se conocería a los estudios Shipton. Noviembre de 1972 vio a Oldfield volver a The Manor como un artista de buena fe [bona Fide en el original puede traducirse como en estado de honradez y confianza]justo cuando John Cale, que había estado grabando The Academy in peril, se estaba marchando. Entre los instrumentos musicales alquilados que se estaban cargando en la furgoneta para devolverlos a la empresa de alquiler de Londres había un grupo de campanas tubulares. Oldfield pidió mantenerlas allí, ellas podrían ser aquel sonido que necesitaba para coronar su trabajo. Aunque los meses anteriores les habían dado tiempo a Mike, a su productor y a su ingeniero para trabajar los enlaces y transiciones entre secciones musicales y para programar el proceso de grabación, había arrugas que todavía tenía que ser planchadas [ expresión parecida a la española: aún quedaban flecos]. “Al ser mucho más complicado que una canción de 3 minutos, yo creé una hoja de pistas para estructurar todas las partes, separadas minuto por minuto”, recuerda Heyworth. “ Para mantener el ritmo, intentamos pegar las partes pero siempre resultaba demasiado ruidoso en las levas, entonces intentamos que el trabajo de Mike entrase a tiempo,[imagino que Mike tocase y lo pudiesen grabar con el compás y ritmo adecuado a cada sección, no estoy seguro]-oh querido, ja,ja.Fue muy divertido.” Vivian Stashall –probablemente en The Manor para grabar material para su proyecto Rawlinson End- fue convencido para que presentase los instrumentos a medida que estos creaban el climax, haciendo de maestro de ceremonias como en The intro and de outtro de The Bonzos de 1967”. “Y…” tranquilamente con el brío de la borrachera de costumbre “ Tubular Bells”.
Si el proceso de grabación puso a la tecnología al límite, el proceso de mezclado lo hizo aún más, la cinta de 16 pistas con 25 minutos de música que continuamente se superponía tenía que ser emsamblada con marcas preestablecidas en los faders [fundidos], y mezclada en vivo simultáneamente por los tres pares de manos. Para Newman, la parte más dura del trabajo no era la técnica sino la humana. “ Mi tarea era mantener a Mike en buen estado mental para ser creativo en el estudio ya que sufría terribles brotes de depresión”, recuerda. “Yo sentía una enorme pena por él y era su campeón, estábamos conectados por nuestro gusto por los aeromodelos y por tener padres irlandeses. Yo lo veía como mi descubrimiento e intentaba criarlo porque pensaba que era un genio de la música, era como estar en la presencia de Mozart. El pobre Mike no avanzaba, nunca tenía nada de dinero ni ningún lugar donde ir. Su autoestima era tan baja que resultaba una penosa figura. Él andaba por allí y estaba disponible para las sesiones a cambio de formar parte de toda esta aventura.”
“Incluso así”, añade Newman, “Michael era difícil. Nosotros lo alimentábamos y le comprábamos bebidas en el pub. Se abría después de un par de pintas de Guiness y en sus ocurrencias llegaba a ser divertidamente pomposo pero su carencia de habilidades sociales hacía que las otras personas se sintieran incómodas. Las chicas que cuidaban de todos en The Manor eran seguidoras de los Stones y se referían a Michael como el infeliz llorón; Richard era el saltador que musita – todos nosotros teníamos esos motes”.
Hoy, mientras el productor y el ingeniero recuerdan a Mike y el proceso de realización de TB con agrado, el autor en persona es más amargo, “ No les gustaba” afirma y aunque es perfectamente simpático en nuestro encuentro, dice enfadado que sus nueve hijos de tres parejas “están en otro mundo”, confiesa que no se fía de nadie excepto de los abogados y que “ no me llevo bien con otros músicos, no me gustan, ja,ja”.
Parece hacer una excepción con el batería Steve Broughton. Con 25 minutos de música completos en noviembre del 72 para satisfacción de todos, la segunda cara del álbum de vinilo debía ser concebida y grabada para la que sería la primera edición de Virgin Records. Aunque mayormente tocada por él mismo- “suena espontánea, como una banda tocando”, Mike reflexiona sobre su obra, “aunque era principalmente yo, pista tras pista, todas a la primera toma”- hubo partes suplementarias para coros vocales ( su hermana sally y Mundi Ellis), bases de cuerdas (Lindsay Cooper), flautas (John Field y Jade Warrior) y percusión. “The Broughton estaban grabando Oora en The Manor en el 73”, recuerda Steve Broughton, “oí rumores de que Mike estaba grabando un disco pero él era muy reservado y odiaba ser el tema de conversación. Durante el desayuno se me pidió que, cuando hubiésemos terminado de grabar, me quedase y añadiese una parte de batería. Él tenía un ritmo en su cabeza pero yo toqué mucho más de lo que resultó, en aquel tiempo todos estábamos tan colocados y relajados que nunca recibí una paga por la sesión –la amistad fue la base sobre la que lo hice –pero meses después él me envió un címbalo de China. Nadie pensaba que el álbum tendría tanto éxito y que eso le ocurriría a un tipo tan tímido e introvertido…”.

35 años, 17 millones de ventas, una demanda en los juzgados y posterior reconciliación con Richard Branson, en 2008 todos los derechos y los master de Tubular Bells regresaron a Mike Oldfield, quien en solitario lo remasterizó y remezcló digitalmente en su estudio en su casa de Gran Bahama. Uno puede argumentar que, de un modo u otro, su carrera completa desde 1973 – incluso sus discos no secuelas de TB – ha consistido en poca cosa excepto en la remezcla de los elementos de su primera, y quizás última obra maestra.
“De vez en cuando, en los álbumes, ha habido momentos de original intensidad, pero nada como el primero”, reflexiona, “pero nunca se sabe,- aún soy capaz de hacer una obra tan buena si no mejor que Tubular Bells- Conforme me he ido haciendo mayor me he convertido en alguien más equilibrado así que quizá no pueda. Si quieres hacer algo especial, tienes que sufrir para ese arte. ¿Quién ha oído hablar alguna vez de un artista feliz? Es simplemente una cuestión de si me llega la inspiración- el gran e-mail. Al menos he tenido el honor de ser el conducto a algo tan bueno como este primer álbum”
“Alguna gente lo usa para atravesar una crisis personal – una enfermedad, un luto, un divorcio. El mejor cumplido que se me ha hecho fue cuando visité a alguien en cuidados intensivos y estaban poniendo Tubular Bells en la sala para personas a las que se mantiene con vida. Ahora eso es lo que yo llamo una aprobación”.