Lugar donde se halló Piltdown Man

Cuando Richard Branson escuchó la maqueta de Tubular Bells que Mike Oldfield estaba grabando en su estudio, no podía creer que aquel chaval no hubiera incluido ninguna letra. Enfadado, le hizo ver que quería un sencillo comercial que publicar como presentación de su nueva discográfica. Las voces deberían inundar algún pasaje, preferentemente rítmico. Oldfield probó varias letras, garabateó algunas estrofas y se percató de que era un buen guitarrista, pero un nefasto letrista. Arrugó todas sus anotaciones y bajó al bar más cercano. Tras recargar el estómago con unas buenas pintas de Guiness, regresó al estudio a darle a su jefe su merecido, exactamente lo que él quería: voces. Lo que no especificó Branson era qué tipo de voces quería. Así que Mike se destrozó literalmente las cuerdas vocales gritando y creando sonidos guturales sin sentido. Como si de un verdadero hombre de las cavernas se tratara, Oldfield terminó aquel pasaje al que se referiría desde entonces como Caveman o Piltdown Man Section. ¿Por qué…?

Una mandíbula, un trozo de cráneo y un diente. Eso es el hombre de Piltdown. Restos óseos del supuesto eslabón perdido descubiertos a principios del siglo XX . Una mezcla extraña entre huesos de un orangután y un humano. En realidad, se trata del fraude paleontólogo más sonado del siglo XX: cuarenta y cinco años de mentira que han sobrevivido a sus propios protagonistas. Fue en 1953 cuando la ciencia descubrió que, en verdad, todo se trataba de una broma, una tomadura de pelo. Ese mismo año nació alguien muy especial: Mike Oldfield. Veinte años después, Mike homenajearía al hombre de Piltdown en Tubular Bells.

Charles Dawson y Smith Woodward fueron quienes anunciaron al mundo, a través de la Sociedad Geológica de Londres, que entre sus manos reposaban los restos óseos del eslabón perdido (en la fotografía de arriba a la izquierda, las partes más oscuras). El revuelo mediático y científico fue evidentemente considerable. Charles era un aficionado a la arqueología, pero su teoría estaba apoyada nada más y nada menos que por Smith, un reconocido arqueólogo, por lo que las dudas no cabían dentro de esos fragmentados huesos corroídos por el tiempo. Su bautizado como Eoanthropus dawsonii sostuvo la teoría de un homínido cuadrúpedo de gran cerebro pero de rasgos de simio, que más tarde evolucionó hasta el hombre actual.

El descubrimiento original se inició en 1908. Dawnson encontró unos fragmentos óseos en la población de Piltdown, Inglaterra. En 1912, junto con Teilhard de Chardin, conoce a Smith, y juntos continuarían con éxito los trabajos de arqueología en el lugar. Tras un año de trabajo, se habían hecho con una mandíbula, un diente y un cráneo. En realidad, la mandíbula perteneció a un orangután de sólo 600 años de antigüedad, mientras que el diente probablemente era de un hombre del pleistoceno. El cráneo era de un hombre moderno de sólo unos 500 años. Ante las dudas de los científicos de la época, la aparición de un segundo cráneo alrededor de 1914 disipó muchas preguntas, pues éste sí parecía corresponder con las fechas que se barajaban. Tras la muerte de Dawnson en 1915, pocos continuaron dudando de la autenticidad del hallazgo.
Pero el primer varapalo que sufrió el Hombre de Piltdown fue en los años 30, cuando el dentista Matson pudo examinar las partes correspondientes a la dentadura, y descubrió que el hallazgo era la unión artificial de restos de primates diferentes. Además, determinó que la superficie de los huesos había sido alterada para asemejar las diferentes partes entre ellas, aplicando procesos químicos. Los análisis sobre la antigüedad de los restos también determinaron que no se trataba de un hombre del Pleistoceno, e incluso había diferencias entre las piezas examinadas. La escasa cantidad de flúor hallado le hizo suponer a Matson que se trataba de huesos relativamente recientes. Tratando de esquivar las acusaciones, Arthur Keith y Woodward inauguraron en el lugar del “descubrimiento” un monumento simbólico levantado por aclamación popular (arriba, derecha).

Lugar y protagonistas del extraño caso del Hombre de las cavernas

Lugar y protagonistas del extraño caso del Hombre de las cavernas

Los años pasaron y nadie se molestó en echar más leña a un fuego que no interesaba prender. Pero Piltdown Man no iba a dormir tranquilo: oficinalmente no fue hasta 1953 cuando la comunidad científica dio por buenas las definitivas investigaciones de Weiner, Le Gros Clark y Oakley. Los tres descubrieron alteraciones químicas y físicas sobre los restos, como perforaciones, limaduras y demás modificaciones realizadas para ocultar pruebas y asemejar los restos al inexistente eslabón perdido. Ese año marcó la verdadera muerte del Hombre de Piltdown. Se destapó la verdad, y Piltdown pasó de ser materia en los libros de texto a un argumento para los ingénuos creacionistas.
La verdad del móvil de esta farsa nunca se supo, aunque casi todos apuntan a Dawnson como principal culpable. La comunidad científica (al contrario que los creacionistas en otros asuntos) entonaron el “mea culpa” y reconocieron su error: el eslabón perdido no era ese. El incidente significó cuarenta años de retraso en la investigación del antepasado del hombre, que ahora sabemos que tenía un cerebro pequeño y era bípedo.
Sirva esta historia para todos aquellos capaces de reconocer sus propios errores y también, por qué no, a aquellos capaces de dejarse llevar por su imaginación, de vez en cuando…

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