Seguro que todos los que tenemos en este blog nuestro punto de encuentro conocemos sobradamente la afición de Mike Oldfield por incorporar instrumentos no demasiado comunes e innovadores en practicamente la totalidad de sus trabajos discográficos, haciendo especial hincapié en la etapa que comprende desde sus comienzos hasta cerca del año 2000. De muchos de los instrumentos de Mike, tenemos bastantes datos (como bien podéis comprobar en la sección de instrumentos y equipo, en la que compartimos todos esos datos con vosotros), pero de algunos otros (curiosamente los más inusuales e inesperados) no, con lo cual abordaré este pequeño artículo de una manera distinta, sin datos técnicos pero aportando un mayor toque de originalidad frente a la rigidez y sobriedad de otros artículos precedentes.

Como ya todos os habréis imaginado, el disco protagonista de esta entrada es, sin duda alguna, Amarok. Pero claro… posiblemente os estaréis preguntando ¿cómo hablar de un instrumento de que no conocemos ni la marca ni el modelo?, o lo que es peor, ¿cómo hablar de algo que ni tan siquiera es un instrumento al uso?. Quizás ése sea el punto discordante para algunos de este artículo, pero la forma más apropiada de hacerlo que he visto ha sido la que a continuación veréis. Espero haber dado en el clavo. ;)

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En primer lugar me gustaría hacer una lista completa de todos esos instrumentos inusuales (o que podrían no ser considerados como tales) con presencia en el disco, para así hacer más sencillo el seguimiento e identificación de cada uno de ellos. He configurado esta lista en base a lo que indica en el libreto del álbum (más bien de esta perfecta transcripción) y con algunos añadidos que no habían sido incluídos, pero que también aparecen:

Zapatos (alguien corriendo y andando)
Respiración agitada
Silbato convencional
Vaso de agua (y alguien que lo bebe)
Aspiradora
Bostezos y suspiros
Alguien rascándose la barba
Cepillo de dientes y dentadura
Vaso rompiéndose
Radio de imitación
Herramientas de aeromodelaje (taladro, fijadora y lijadora)
Bastón golpeando un saco de boxeo
Bofetada
Petardos (varias explosiones)
Puerta cerrándose lentamente
Portazo
Afinador de guitarra
Uñas
Sierra mecánica
Teléfono (varios tonos)
Perro de juguete
Sillas
Martillo y cubo

Una vez concretada esta lista, me gustaría hacer una pequeña puntualización: no todos los instrumentos presentes en esta lista ejercen la misma función y por lo tanto, no todos tienen la misma importancia o repercusión creativa en el esquema del disco. Hay algunos de ellos que solamente se utilizan para apariciones esporádicas y poco relevantes (simplemente como un sonido de fondo o una aparición de caracter menor) y otros que tomar un papel con mayor protagonismo, formando parte de la melodía que esté en transcurso, inmiscuyéndose en la harmonía de turno o ayudando a una base rítmica. Es por ello que considero que hemos de dividirlos en tres grupos y hablar de ellos por separado, para diferenciar la importancia y el protagonismo musical de cada uno de ellos en el cómputo global que conforma este gran disco.

Por lo tanto, tras haber escuchado en varias ocasiones y de una manera exhaustiva, a la vez que sirviéndome del maravilloso análisis de Amarok paso a paso (que Steve Farrell hizo para Tubular.net) como apoyo logístico, he comprobado que la originalidad e innovación de Oldfield no tiene límites. Con un sonido de lo más mundano es capaz de cuajar un excelente acompañamiento, o incluso arrancarnos una sonrisa por lo ilógico de su utilización, aunque no podemos evitar reconocer que ésta es más que acertada. A estas alturas, espero que ya ninguno tenga dudas de la capacidad creativa del de Reading, pero es que la escucha de este maravilloso trabajo no deja la posibilidad de las mismas. Ya lo dejaba caer su anuncio.

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Entrando ya en materia, el primer grupo de instrumentos, entre los que se encontrarían esos sonidos aislados, como por ejemplo el vaso de agua, la aspiradora, los diversos bostezos y suspiros, ese sonido de alguien rascándose la barba y la radio falsa. Realmente no ejercen otra función que no sea ésa, la de sonidos que residen como esporádicos y sin ninguna carga musical que valga la pena mencionar, ya que su aportación es nimia.

Luego tendríamos un segundo grupo, en el que sus miembros ejercen papeles mucho más relevantes, como apoyos harmónicos o desarrollos de melodía. Podríamos decir que el silbato, la sierra mecánica, esa puerta cerrándose con lentitud (y chirriando) y la variedad de tonos telefónicos aportan un soporte harmónico-melódico a la secuencia en la que intervienen, y por leve que sea su aportación, influyen en el transcurso de la misma.

Y en el otro grupo de instrumentos influyentes (realmente el tercer grupo) se encontraría el grueso de estas originales experimentaciones sonoras: los pasos y las carreras con los zapatos, la respiración agitada, esa persona que se cepilla los dientes, los numerosos destrozos de vasos, la utilización de todas las herramientas para aeromodelaje, el bastón golpeando de un modo seco el saco de boxeo, la bofetada, los petardazos varios, algún que otro portazo, unas uñas rozando las cuerdas de una guitarra, un perro de juguete a pilas, el roce de unas sillas contra el suelo y el golpear de un martillo contra un cubo. Todos ellos ejercen un apoyo realmente relevante en materia de percusión y similares, perfectamente sincronizado los instrumentos de percusión reales y con algunos resultados realmente asombrosos (el uso de las herramientas y del perrito de juguete son dos buenos ejemplos).

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Desde luego, el afán de experimentación sonora con la que abordó este trabajo, es sin duda alguna el cénit creativo de Mike Oldfield en su época media, y en la cual alcanzó las cotas más altas de creatividad y originalidad, como bien dije antes. Muchos de estos instrumentos fueron utilizados como sonidos ambientales y de manera completamente improvisada, lo cual añade mérito a su utilización y posterior resultado global. Es una verdadera lástima que ese afán de experimentación y esa utilización de los recursos más imprevisibles se quedase ahí y no lo intentara de nuevo, ya que de haberlo hecho, estoy completamente seguro de que tendríamos alguna otra obra maestra a nuestra disposición. Cierto es que lo intentó de nuevo con Music from the balcony (perteneciente al álbum Heaven’s open, editado en el año 1991 y grabado practicamente después de Amarok), pero ya se sabe que las segundas partes nunca estuvieron al nivel de las primeras partes.

Si queréis indagar más a fondo sobre todos los secretos de la grabación y demás de este interesantísimo disco, os recomiendo que echéis un vistazo a la estupenda sección de Amarok dentro de la información discográfica recopilada por Richard Carter para el amplio portal Tubular.net, ya que sin duda alguna, es un punto de información muy fiable y completo.

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