En esta ocasión vamos a acercanos a la carrera de este compositor, guitarrista y cantante importantísimo para Oldfield, a pesar de que su colaboración directa en sus trabajos es pequeña.

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Kevin Ayers nació en 1944 en el condado de Kent (Inglaterra), pero pasó su infancia en Malasia, debido al trabajo de su padre. De vuelta a Inglaterra toma contacto con la emergente escena de Canterbury, de la que será pieza importante, primero en la banda Wilde Flowers, en la que coincidió con Robert Wyatt. Nunca llegaron a grabar ningún álbum, pero se mantuvieron unidos desde 1964 al 1966, año en el que Wyatt, el propio Ayers y el bajista Hugh Hopper dejan el grupo para fundar la mítica Soft Machine, banda clave del rock psicodélico inglés, en la que también militaron Daevid Allen (fundador de Gong) y Andy Summers (guitarra de The Police).

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Ayers con Soft Machine.

En 1969, Ayers decide abandonar Soft Machine e iniciar su carrera en solitario. Ya en su primer disco, Joy of a Toy, se empieza a apreciar que Ayers es un músico maduro, para el que la música es sobre todo diversión, al margen de etiquetas e incluso del éxito.

En octubre del 70, Ayers reune un grupo más o menos estable, al que da el nombre de Kevin Ayers and the Whole World. En ese grupo, además de David Bedford a los teclados, encontramos a un joven que tocaba el bajo y la guitarra, y que en sólo tres años revolucionaría el mundo de la música con Tubular Bells. Ese mismo año se lanza el disco Shooting at the Moon, que a la postre sería el único que grabaría la mítica formación.

En su siguiente trabajo, Whatevershebringswesing (ya sin la coletilla de and the Whole World), de 1972, Ayers contaría de nuevo con la colaboración de Oldfield, así como en sus siguientes tres discos: Confessions of Dr. Dream and Other Stories (1974), June 1, 1974 (1974) y Odd Ditties (1976).

Durante los años siguientes, sigue sacando discos con regularidad, hasta que en 1988 parece retirarse de la escena musical con el disco Falling Up, retiro que sólo rompe para algún concierto ocasional y el disco acústico del 92 Still Life with Guitar, en el que vuelve a contar con la colaboración de Mike Oldfield en una pista.

Tras esto, Ayers, que siempre se mantuvo relativamente alejado de los focos, desaparece del todo, recluyéndose en el sur de Francia. Sin embargo, el año pasado, tras quince años de silencio (nada menos), volvió a la carga con The Unfairground, un trabajo del que ya hablamos en este blog en su momento, en este post de mi compañero Navigator.

Como decía al principio, su colaboración directa en la discografía de Oldfield es en realidad muy poca, tan sólo la canción Flying Start, del disco Islands (1987), que se editó como single y que contó, como el resto de temas de aquel álbum, con un video-clip realizado con las técnicas infográficas más avanzadas del momento.

A pesar de que Flying Start me parece el mejor tema del disco (en buena medida por la excelente interpretación de Ayers), me interesa más centrarme en la relación que tuvo con el joven Oldfield, ya que fue sin duda una de sus mayores influencias. En su autobiografía, Changeling, cuenta lo mucho que le impresionó su primer encuentro con Ayers en las oficinas de EMI. Le presentó a David Bedford (otro nombre muy importante en el “panteón” oldfiano), y tras hacerle una prueba con el bajo en la que Oldfield, en lugar de limitarse a acompañar, improvisó una melodía, lo incorporó a su banda. “Kevin Ayers fue la primera persona que conocía que tenía auténtica carisma”, escribe en Changeling.

Ayers no sólo le dio a Oldfield la oportunidad de seguir progresando y aprender mucho en el plano musical (Oldfield cuenta que fue entonces cuando se sintió un músico de verdad por primera vez) sino que de alguna manera se convirtió en un modelo y una figura paterna para el joven Mike. Él cuenta que realmente necesitaba una figura de referencia, y que Ayers asumió ese rol con gusto.

Además, fue testigo de excepción de las primeras fases de la creación de Tubular Bells. Oldfield vivía en su casa cuando comenzó a grabar las primeras demos con una grabadora Bang & Olufsen que pertenecía al propio Ayers, y que Mike abrió y trucó para poder grabar varios instrumentos superponiéndolos sin que se borraran (cuenta en Changeling que volvió a montarla y se la devolvió a Kevin sin decirle nada).

Aunque no sigo especialmente la carrera de Ayers, y no me atrae demasiado lo que hizo en los ochenta, siempre le reconoceré su saber estar y su tremenda originalidad (además de su voz, que me gusta mucho).  Ayers es la antítesis de la típica estrella de rock, un hombre que disfruta de las cosas sencillas y no necesita fama ni éxito. El gran público no lo conoce y nunca lo hará, porque él es el primero que no quiere. No por ello su contribución a la música es menor.

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