Continuando la sección iniciada por Turok3, me gustaría opinar sobre esta difícil relación, la de Mike con el periodismo, centrándome en un caso puntual, una entrevista de 1987 a El País.

Está claro que la fama de huraño de Mike se la ha ganado a pulso durante toda su carrera. Pero también es cierto que muchas veces el periodismo se ha cebado con él aprovechando esa reputación para dar rienda suelta a algo que a veces más parece manía personal que otra cosa.

Mike Oldfield en El País Semanal

Hay una entrevista que se publicó en la revista semanal del diario El País, en la promoción del Islands, 1987, que me resulta especialmente emblemática sobre esta actitud de cierto periodismo, el famoso cuarto poder.

Curiosa denominación ésta de cuarto poder. Cada vez más tengo la sensación de que han adelantado ya unos cuantos puestos y de cuartos han pasado a liderar la carrera. El término encierra en sí mismo el carácter poco democrático de este poder. Me explico. El principio de división de poderes, que propuso el Sr. Montesquieu hace ya unos cuantos años, tiene su origen en la tradición inglesa del balance of powers, la idea de que los poderes del estado se contrapongan unos a otros hasta alcanzar una posición de equilibro donde ninguno de ellos predomine sobre los demás. Pero este cuarto, no previsto por el Sr. Montes, se ha rebelado incluso más poderosos, valga la redundancia, que los otros tres, con una indudable capacidad para cambiar opiniones, cambiar leyes, cambiar gobiernos, cambiar jueces, pero sin que tenga su particular contrapoder que lo equilibre.

Mike Oldfield en El País Semanal Mike Oldfield en El País Semanal

Con las excusas de rigor por mi perorata, entro en materia. Entiendo que todo esto puede parecer muy exagerado para lo que viene a continuación. Pero, sinceramente, estoy convencido de que es producto de lo que acabo de decir. La impunidad del periodismo permite a algunos periodistas (insisto en lo de algunos) decir lo que quieren muchas veces sin el más mínimo rigor, y dejando colar fobias o filias totalmente personales en, como es el caso, una entrevista que debería ser mucho más aséptica.

Al grano. Os anexo imágenes de la entrevista de marras (clickeando sobre ellas las podréis ver en su tamaño original para poder leerla). En su momento, cuando compré El País Semanal y la leí me indignó. Ahora, unos cuantos años después, la releo y me sigue indignando. No por lo que dice, sino por la forma sutil en que el Sr. Diego Manrique manipula: en la traducción, con esas frases antológicas si no espabilas te quedas sin nada o es demasiado bueno para este mundo, todos quieren engañarle que transmiten al lector la idea de que Mike es un atontado egoísta que sólo sale con mujeres descerebradas que lo idolatren. Me gustaría ver el original en inglés para ver hasta qué punto se aplicó el concepto de traducción libre para darse alguna que otra licencia. Pero no sólo cultiva el arte de la, digamos semimanipulación sutil (bueno, no tan sutil en realidad), también se luce con el ejercicio de la ironía de mala baba: el santo varón por una vez Mike frena los ardores de su acompañante, o la impagable: algunos amigos bondadosos insisten en disuadirnos de esa idea (la de que Mike cante sus canciones). En fin, todo un ejercicio de lo que una entrevista no debe ser.

Mike Oldfield en El País Semanal

Al menos el señor entrevistador confiesa desde el principio, que desde que Mike le hizo una broma en 1979, que no le debió de caer muy bien, no es santo de su devoción. Queda claro, no hacía falta que se explayara mucho en eso.

Bueno, pues ahí queda mi indignación. Me adelanto a los comentarios: claro que Mike ha demostrado ser un bicho raro, bastante insociable y poco comunicativo. Pero eso no justifica ni medio ápice, a mi entender, la subjetividad impresionante que destila el entrevistador en cada línea. Un buen periodista debe sacarse el morral de rencores, antipatías, y fobias personales, y hacer su trabajo con objetividad. Otra cosa es una columna de opinión, pero no en una entrevista. En fin, es mi opinión.